El insensato que reconoce su insensatez es un sabio
El insensato que reconoce su insensatez es un sabio. Pero un insensato que se cree sabio es, en verdad, un insensato.
Esta máxima, de profunda raíz filosófica y budista, explora la relación entre la autoconciencia y la verdadera inteligencia.
El eje central es la humildad intelectual como punto de partida para el crecimiento.
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